Reporte: Jornada de Cierre de BioCor “Políticas Alimentarias Sostenibles y Pacto de Milán”

Muy emocionad@s vivimos nuestra última actividad de BioCor y cerramos este proyecto que nos ha acompañado durante un año con dos premisas básicas:

  • Primero que no vamos a dejar de aprender, de compartir experiencias, de formarnos y de fortalecer nuestra red ciudadana y
  • Segundo, que no vamos a cejar en el empeño de implicar a nuestr@s representantes polític@s e institucionales, porque lograr una alimentación sostenible ha de ser un trabajo transversal y primordial en nuestra economía, cultura y sociedad.
Debate entre l@s ponentes participantes de la Jornada

La actividad se planteó, evidentemente, abierta al público en general, pero dedicamos una especial atención a invitar a las instituciones, a las alcaldías, concejalías y al personal técnico de todos los municipios de la provincia de Córdoba. La verdad es que hicimos un considerable esfuerzo de difusión pero no tuvimos la acogida que nos hubiera gustado. Sabemos que las agendas de nuestras y nuestros representantes está a tope, pero también sospechamos que la alimentación sostenible, (esa que cuida a las personas y también a la naturaleza, que apuesta por el medio rural y vuelve a poner en valor el trabajo en el campo de mano de la agroecología), parece que aún necesita de bastante empuje por parte de la ciudadanía para que se encuentre entre las prioridades de nuestros gestores municipales.

En todo caso, las experiencias que tuvimos el lujo de escuchar de la Red de Ciudades por la Agroecología, del Parque Agrario del Bajo Llobregat, del Centro de Estudios Rurales y de Agricultura Internacional (CERAI) y del Instituto Sociológico de Estudios Campesinos (ISEC) de Córdoba, nos hicieron reflexionar y sobre todo, nos contagiaron ilusión y ganas para hacer de la Alimentación Sostenible un eje central del desarrollo de nuestras comunidades.

Uno de los momentos de la ponencia de Pedro Lloret de la CERAI

Porque, a través de sus experiencias, comprobamos que trabajar por una alimentación sostenible trae consigo una revitalización del mundo rural en términos económicos, de empleo, de lucha contra la despoblación o de salud pública. Y porque nuestro planeta, la naturaleza, los ecosistemas en los que nos cobijamos están diciéndonos bien alto y claro que necesitamos cambiar nuestras dinámicas de explotación, que, tal y como hacemos funcionar nuestro sistema económico, social y cultural, los recursos se están agotando y que la industrialización gigante en la que nos sustentamos no tiene cimientos de futuro.

Frente a esto, se demuestra una y otra vez que alimentarnos con productos producidos de manera sostenible y en equilibrio con el entorno no supone una alternativa más sino una solución firme para hacer de nuestros territorios lugares seguros, sanos, ricos y diversos, autosuficientes y con capacidad de adaptación, de resiliencia, a todos los cambios que se nos vienen.

Y si algo nos quedó claro después de conocer los trabajos y herramientas que implementan en otros rincones de España es que la implicación de las instituciones es fundamental y que esa implicación, además, tiene que ser transversal y coordinada, partiendo de las delegaciones de Agricultura, Producción o Medio Ambiente pero pasando también por Salud, Economía, Comercio, Educación, Turismo, Desarrollo, Investigación e incluso Servicios Sociales.

En el descanso, desayunando

Se analizó y debatió sobre el Pacto de Milán como instrumento en el que enmarcar los primeros pasos de las instituciones comarcales hacia un compromiso con la alimentación sostenible; se apuntó a que la crisis climática y el sistema agroalimentaria puede pasr de ser un problema a ser una oportunidad; de la importancia de los esfuerzos a nivel internacional que se están realizando; de las ventajas del trabajo en red, tanto de agrupaciones ciudadanas como de municipios y entidades públicas; de la utilidad de crear Consejos Alimentarios que coordinen las políticas y acciones; de profundizar los trabajos en torno al Derecho a la Alimentación y la Equidad; de lo beneficioso de fomentar las compras públicas de alimentos producidos de manera sostenible; de la ineludible formación del personal técnico y del fortalecimiento de las comunidades de aprendizaje; de lo imprescindible que es la voluntad política y que las acciones se guíen desde la cooperación y no desde la competitividad… En fin, de multitud de temas que nos ayudaron a encaminar nuestros próximos pasos y a tomar fuerzas para continuar nuestro trabajo.

Será el empuje y tesón de una ciudadanía activa y consciente lo que hará que nuestras instituciones tengan que darnos respuestas y encauzar nuestras inquietudes. Por ello, nos toca seguir organizándonos y desarrollar iniciativas como esta de BioCor para que cuando nuestra clase política se haga eco de ellas o se termine de dar cuenta de lo importante y beneficioso que es trabajar por una alimentación sostenible se encuentren ya un camino recorrido y un aprendizaje efectivo.

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